Diógenes y el e-mail

Si usted no suele borrar los correos electrónicos que le van llegando tenga cuidado, porque la cosa puede ir a más. El volumen de e-mails está creciendo de manera desorbitada, tanto por el spam como por la moda de socializar, y está provocando una epidemia entre los usuarios: el síndrome de Diógenes. Si a la cantidad de los mensajes que envían y reciben le añadimos el correo no deseado, nos encontramos con que la dirección de correo tiene que soportar una cantidad de mensajes que, en la mayoría de los casos, resulta imposible ir borrando sobre la marcha. Sobre las causas de esta sobrecarga de mensajes, Fernando Garrido, vicepresidente del Observatorio para la cibersociedad, revela el que puede ser uno de los principales motivos de que la mayoría de bandejas de entrada parezcan trasteros abandonados: "El usuario tiene la percepción de que su capacidad de almacenamiento es infinita, por lo que tan sólo elimina correos de coordinación (quedar en un sitio a una hora) o spam", Garrido va más allá y profundiza en la relación con el correo electrónico, culpable de que las cartas hayan pasado a mejor vida: "El valor de los e-mails está en su valor como configuradores de recuerdos personales, de la historia de cada uno en la Red.
Ya sea por nostalgia, por falta de tiempo o por simple dejadez, la sobrecarga de las bandejas de entrada es un hecho. Otra razón, a la que apunta el doctor en Psicología Guillermo Fouce, es que las personas estamos entrenadas tradicionalmente en la acumulación de conocimientos: "Tienen que cambiar las pautas de comportamiento, hay que cambiar hacia el saber dónde buscar".
Enrique Dans, profesor de sistemas tecnológicos del Instituto Empresa y experto en lo relacionado con el correo electrónico, confirma la nueva tendencia al síndrome de Diógenes. "La capacidad de las cuentas de correo es cada vez mayor, y también tienden a ser más fáciles de gestionar, así que es lógico que seamos cada vez más como Diógenes". Dans elaboró hace tiempo una clasificación sobre los usuarios del e-mail, que dividía en: "El auditor", que lo guarda y clasifica todo; "el dotado de memoria selectiva", a quien alguna vez le reventó el correo y ahora sólo guarda lo que considera importante; "el sentimental", que conserva todo lo que considera emotivo; "el vivalavirgen", que no guarda absolutamente nada; y "el diógenes", que guarda todo, servible o inservible.
Parece necesario, visto lo visto, hacer algunos ajustes para evitar que se nos contagie el síndrome de Diógenes.