En España, unos 13 millones de personas forman parte de alguna de estas comunidades virtuales -con Facebook, Tuenti y MySpace en cabeza-, aunque la cifra crece a un ritmo del 20%. La masificación de las redes sociales ha generalizado un concepto que los expertos llaman extimidad, algo así como hacer externa la intimidad, y que tiene su origen en el auge de los reality shows y de la Web 2.0 (blogs, fotologs, redes sociales...). Y mientras los usuarios aprenden a manejar una herramienta que ha entrado en sus vidas como un alud, los psicólogos están viviendo su propio quebradero de cabeza analizando los cambios con que, movidos por las nuevas tecnologías, construimos nuestra identidad. ¿O es al revés?
Los expertos han cogido prestado el término extimidad de Jacques Lacan aunque lo usan con un significado diferente del psicoanalista francés.
No todos los que nos rodean se han subido al carro de esta nueva extimidad con la misma entrega que los adolescentes. Nos encontramos en un momento de transición entre dos formas de entender la intimidad y es probable que una no sea mejor que la otra. "La intimidad tal como la hemos entendido en los últimos dos siglos también es un producto social en el que hemos sido educados", apunta Errasti. "Hace siglos las emociones también se vivían de forma muy pública. En la sociedad medieval estaban las plañideras... Digamos que ha habido un paréntesis y ahora estamos en un momento de transición. La intimidad como se entendía en los siglos XIX y XX sigue existiendo, por supuesto, pero para un porcentaje creciente de gente ya no es la forma más importante de vivir su identidad. La extimidad le está haciendo a la intimidad algo parecido a lo que el teléfono móvil le ha hecho al fijo: siguen existiendo teléfonos fijos, siguen usándose, pero están empezando a dejar de ser el prototipo de teléfono".
"Nadie sabe hacia dónde nos llevan estos cambios al igual que este cambio no lo había previsto nadie", interviene José Errasti. "En las revistas especializadas se está viviendo un boom. Cada vez se publican más estudios sobre cómo construimos nuestra identidad en una red social, sobre cómo se retratan los hombres y cómo lo hacen las mujeres... Queda muchísimo por estudiar. Lo que sí sabemos es que el voyeurismo emocional produce mucha tolerancia y sucede como con las drogas: que cada vez hay que ir subiendo la dosis".
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